domingo, 18 de abril de 2010

Hace dos días cumplimos un mes desde que llegamos a nuestra casa los tres juntos. Sé que es un mes porque miro el calendario y éste no falla, pero me parece mucho más tiempo. A veces me descubro haciendo conjeturas o suposiciones y diciéndome a mi misma... "si sólo lleva con nosotros un mes!"...
En este tiempo hemos aprendido muchas cosas, entre ellas nuestras debilidades, las cosas que nos enfadan y las que nos gustan, las que queremos hacer juntos y las que queremos hacer solos, o las que no queremos hacer solos aunque es mejor que aprendamos a hacer, poco a poco (como irme a la Universidad, por ejemplo, jeje). Además, estamos aprendiendo, estoy segura de que los tres, otra forma de amor, otro punto de vista de lo que significa querer a una persona y ser capaces de darlo todo o restar importancia a las cosas que antes nos parecían esenciales. A veces no nos entendemos, y no me refiero únicamente al idioma, que nos podría aportar tanta información en muchísimos momentos, sino a que no logramos entender ciertas reacciones o ciertos comportamientos, pero ese es un trabajo lento en el que sabemos que iremos avanzando, como digo, poco a poco.
Aún así, he de decir que nuestro hijo aprende muy rápidamente e intenta explicarnos cosas y hacerse entender con las palabras que conoce y a su manera, con esfuerzo, y que en la mayoría de ocasiones lo logra. Ayer descubrimos que la mama es blanca y el papa también y que Gezu no lo es... él es negro... pero cuando le preguntamos por otros miembros de la familia tiene dudas e incluso se confunde... creo que no se fija demasiado, al menos en los demás, pero a nosotros nos tiene más que "fichados". También hemos aprendido algunas palabras en sidamo. Había encontrado un artículo en internet en el que se hacía referencia a algunos aspectos del idioma sidamo y se explicaba que hay palabras que son diferentes si las dice una mujer o si las dice un hombre, así que el otro día probé a decirle alguna de estas palabras como mujer y me pareció ver en su expresión que no las entendía. Inmediatamente después probé a decirlas como las diría él, como hombre, y sí las entendió. Así, aprendí a decir "leche", por ejemplo. Y es curiosa la cara de satisfacción que pone a veces, cuando me esfuerzo en repetir y aprender alguna palabra que él me enseña, de la misma manera que él se esfuerza cada día por aprender un montón de palabras, y muchas más cosas nuevas para él... y es que sólo lleva aquí un mes...

miércoles, 7 de abril de 2010

Conocer Etiopía

Pero no todo lo que puedo contar es triste o "negativo". Nuestro viaje y nuestra estancia en Etiopía ha sido una experiencia imposible de olvidar (al margen de nuestra paternidad/maternidad). Aunque no pudimos salir mucho puedo decir que conocimos a una gente maravillosa. El personal del hotel fue amabilísimo desde el primer momento, serviciales y cercanos también, dispuestos a que nuestra estancia fuera de la mejor calidad y, lo más importante, que nuestro hijo estuviera bien, contento, tranquilo... nos ayudaban cuando no lográbamos entendernos y estaban atentos a todo lo que él solicitaba.
Uno de ellos jugó con nosotros a la pelota en el patio, y le dio a Gezu un montón de besos y cariño... una tarde, creo que fue el segundo o el tercer día, le preguntó, mientras nosotros observábamos intentanto comprender lo que se decían, quienes éramos nosotros. Él contestó que papá y mamá y, accediendo a lo que el chico le decía, corrió hacia nosotros para darnos un beso... no cabe decir que me emocioné y le agradecí al chico enormemente ese gesto. Hasta el último momento, segundos antes de salir hacia el aeropuerto, estuvo atento a nuestro hijo que estaba malito con un poquito de fiebre. Lo estuvo acurrucando y hablándole de manera muy suave mientras le daba un zumo de naranja...
En general, todo el personal fue excepcional y, aunque al principio el hotel nos pareció un poco "cutre" (claro que estábamos en Etiopia, no esperábamos mucho más) al final nos pareció el mejor hotel en el que nos podríamos haber alojado, seguro.
Además de los paseos para comprar alguna cosilla, un par de veces me acerqué a la peluquería que había a pocos metros del hotel, para hacerme esas trencitas que tanto vemos en las mujeres africanas... sólo que yo estaba un poco más pálida... jeje!
También conocimos a un niño en la calle. Debía tener unos 13 o 14 años y vendía collares, camisetas, pulseras, a la puerta de nuestro hotel; ahí se pasaba la mayor parte del tiempo. Pudimos conversar con él en varias ocasiones para descubrir que había estado viviendo un tiempo en Catalunya y tenía familia aquí. Tampoco lo olvidaremos nunca... era un chico muy simpático y nos estuvo muy agradecido cuando le compramos un montón de cosas...

En general, y a parte de nuestra paternidad/maternidad como ya he dicho antes, fue una experiencia positiva, repetible y mucho más. Nos encantaría poder volver algún día al país de orígen de nuestro hijo y conocer más a fondo su gente, su cultura, sus paisajes, en fín, Etiopía.